domingo, 26 de febrero de 2017

Óscar 2017: todo tan predecible



Cuánta pereza. Dentro de unas horas se celebrará la 89ª edición de los premios Óscar y ya se sabe que La La Land lo ganará todo. He hecho este juego en tres ocasiones consecutivas (revisar aquí, aquí y también aquí) y ahora no puedo especular tanto porque todo es tan predecible. Para volver a hacerlo divertido, voy a imaginar entonces que mi candidata (La La Land) no aparece en ninguna de las categorías a las que está nominada. Forzosamente tendré que escoger otra opción, y lo más seguro es que no sea de mi agrado.


Mejor actor

-Casey Affleck (Manchester by the Sea)
-Andrew Garfield (Hacksaw Ridge)
-Ryan Gosling (La La Land)
-Viggo Mortensen (Captain Fantastic)
-Denzel Washington (Fences)

Fences es un pésimo intento por llevar al cine una pieza teatral de August Wilson, pero allí está el veterano e impecable Denzel Washington para imponerse en medio de una película ruidosa y monótona. Una grata sorpresa sería que el buen Viggo Mortensen se lleve la estatuilla; en Captain Fantastic carga con toda la acción dramática y sale muy bien librado. Sin embargo, todo indica que, si no lo gana Ryan Gosling, será el Affleck verde quien resulte elegido. Recemos porque no sea así.

Mejor actor de reparto

-Mahershala Ali (Moonlight)
-Jeff Bridges (Hell or High Water)
-Lucas Hedges (Manchester by the Sea)
-Dev Patel (Lion)
-Michael Shannon (Nocturnal Animals)

Aquí casi todas las actuaciones están a un mismo nivel, pero quizá podría destacar un poco Mahershala Ali.

Mejor actriz

-Isabelle Huppert (Elle)
-Ruth Negga (Loving)
-Natalie Portman (Jackie)
-Emma Stone (La La Land)
-Meryl Streep (Florence Foster Jenkins)

Tengo la siguiente teoría: Ryan Gosling y Emma Stone hacen una combinación perfecta. En base a esto, o ambos reciben el Óscar a mejor actor y mejor atriz, respectivamente, o no lo recibe ninguno. Pese a que haya detestado Jackie, lo de Natalie Portman resulta admirable y creo que la Academia podría premiarla. No obstante, en la película más sosa e insípida de estas cinco, es Ruth Negga quien sobresale por logar un retrato auténtico de Mildred Loving.   

Mejor actriz de reparto

-Viola Davis (Fences)
-Naomie Harris (Moonlight)
-Nicole Kidman (Lion)
-Octavia Spencer (Hidden Figures)
-Michelle Williams (Manchester by the Sea)

No hay mucho que opinar en esta categoría. Michelle Williams aparece tres minutos y tiene una nominación. Si no lo gana Octavia Spencer, el Óscar va para Viola Davis.

Mejor guion original
  
-Hell or High Water (Taylor Sheridan)
-La La Land (Damien Chazelle)
-The Lobster (Yorgos Lanthimos y Efthimis Filippou)
-Manchester by the Sea (Kenneth Lonergan)
-20th Century Women (Mike Mills)

Dejando de lado mi fanatismo (y aunque tal vez me equivoque), esta categoría no la va a ganar La La Land. También es imposible que la gane The Lobster. Se tratan de películas muy opuestas. Y si tomamos a estas dos como límites, el guion que ha logrado permanecer en equilibrio es el de 20th Century Women, una película que debió tener más nominaciones. 

Mejor película extranjera

-Under sandet
-Forushande
-Toni Erdmann
-En man som heter Ove
-Tanna

Esta es la primera vez que logro ver las cinco nominadas a esta categoría (lo usual es que una de ellas sea imposible de conseguir). Sin ir más lejos, la mejor es Under sandet. La distancia que las separa del resto es increíble. Y más increíble aún fue haber descubierto la sobrevaloración de la crítica hacia Toni Erdmann (habrá una versión estadounidense de esta película y tendrá como protagonista a Jack Nicholson).

Mejor fotografía

-Arrival (Bradford Young)
-La La Land (Linus Sandgren)
-Lion (Greig Fraser)
-Moonlight (James Laxton)
-Silence (Rodrigo Prieto)

Quienes tienen más opciones de quitárselo a Linus Sandgren son Greig Fraser y James Laxton. Me inclino por el trabajo de este último. Aquella escena sexual y tierna bajo la luz púrpura es quizá lo más bello de Moonlight.

Mejor montaje

-Hacksaw Ridge (John Gilbert)
-Hell or High Water (Jake Roberts)
-La La Land (Tom Cross)
-Arrival (Joe Walker)
-Moonlight (Nat Sanders y Joi McMillon)

Seguir el movimiento una bala en sucesivos planos ya es toda una proeza, y cuando las balas son miles, la proeza es aún mayor. Tal vez solo esto sirva para entender que Tom Cross no se lleve el Óscar esta noche y se lo arrebate John Gilbert. Pese a ser una mala película, el montaje de Hacksaw Ridge es toda una muestra de genialidad y nervio. 

Mejor director

-Denis Villeneuve (Arrival)
-Mel Gibson (Hacksaw Ridge)
-Damien Chazelle (La La Land)
-Kenneth Lonergan (Manchester by the sea)
-Barry Jenkins (Moonlight)


Después del #OscarSoWhite del año pasado, todo indica que la Academia premiará esta vez a un director afroamericano. 

Mejor película

-Arrival
-Fences
-Hacksaw Ridge
-Hell or High Water
-Hidden Figures
-La La Land
-Lion
-Manchester by the sea
-Moonlight

No he podido evitarlo. Hay que descartar a la chauvinista Hacksaw Ridge y a la políticamente correcta Hidden Figures. También tienen que quedar fuera Manchester by the sea y Lion por ser unos dramones insoportables. Arrival y Hell or High Water no tienen pierde, pero dudo que les alcance. Solo un Óscar para La La Land en esta categoría podría solucionar un poco el daño universal causado por DiCaprio.

viernes, 17 de febrero de 2017

Juan Marsé sobre el Premio Planeta


En la última reunión con Lara también le pedí que el jurado pudiera disponer no sólo de las cinco novelas seleccionadas para premio por el comité de lectura, a cargo de Emilio Rosales, sino un listado de todas las obras presentadas, porque al comité de lectura que hacía la selección, de una incompetencia escandalosa a juzgar por los informes que me entregaron junto con las novelas, podía escapársele alguna obra interesante.

Sugerí a Lara que hiciera algo al respecto, ya que esos textos sobrevaloraban sin el menor criterio literario las obras finalistas y predisponían erróneamente al jurado. Recuerdo que uno de esos lectores comandados por Rosales afirmaba en su informe que la obra destinada a ser premiada al año siguiente, un tedioso artefacto de Maria de la Pau Janer, era una “novela que va a cambiar el curso de la literatura contemporánea”. No me lo invento.

Fuente: El País.

viernes, 10 de febrero de 2017

Eloy Tizón sobre el cuento español


-Velocidad de los jardines agitó de alguna manera el cuento español, ¿usted lo percibió así? ¿Abrió el libro caminos que los autores que vinieron detrás han continuado?
Esa sensación no la tuve porque lo que pasó con Velocidad de los jardines pasó a lo largo de mucho tiempo. Tras su aparición, hubo un cierto goteo, un boca-oreja que hizo que el aura del libro fuera creciendo a lo largo de 25 años. Ahora veo que los jóvenes escritores y lectores tienen la percepción de que el libro dio un vuelco, pero yo lo veo como un vuelco, en todo caso, a cámara lenta. Y creo que también había otros escritores haciendo entonces un trabajo muy importante en torno a la renovación del cuento; me refiero a Juan BonillaLuis Magrinyà [de quien también se han reeditado aquellos primeros cuentos de Los aéreos en Caballo de Troya], Hipólito Navarro o Carlos Castán. Creo que fue un momento de cambio.

-Es una rareza su escritura, con esa atención que presta a la imagen, la metáfora. ¿Que no haya muchos cuentistas así en España es por influencia de lo que se ha dado en llamar Realismo sucio?
Esa afinidad por la tradición carveriana existe, claro, pero yo creo que ya se ha diluido mucho. Cuando se publicó Velocidad... la ola carveriana estaba en su máximo esplendor. Fue un libro a contracorriente en ese sentido.

Fuente: El Cultural.

viernes, 3 de febrero de 2017

César Aira sobre los best sellers


-Al inicio de su carrera usted fue traductor de libros, ¿aún práctica ese oficio?
No. Yo traducía para poder alimentarme, así que dejé de hacerlo cuando dejé de necesitarlo. Aun así, de vez en cuando traduzco algo que me gusta para un amigo, porque después de 35 años de hacer algo uno se encariña.

-¿Y qué le dejó esa experiencia a su oficio como narrador de historias?
En esa época yo me especialicé en best sellers norteamericanos. Y puede que estos no sean gran literatura, pero tienen una buena estructura narrativa. Además en esa literatura comercial y de entretenimiento hay algo de honestidad: simplemente hacen libros bien hechos y sin pretensiones para que un lector pase un buen rato. Algo que contrasta con esa deshonestidad de algunos escritores que juegan al vanguardismo y que escriben unas cosas poéticas y complejas simplemente porque no saben hacer una narración simple y directa.

Fuente: Semana.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Orgullosamente solos

En la sala de redacción mi jefe me ha prohibido hablar sobre la obra de José Carlos Yrigoyen. Demás está decir que la sala a la que me refiero es un cuarto alquilado en el que vivo y que el único jefe a quien rindo cuentas soy yo. Pero vamos, que para eso están las prohibiciones: para desobedecerlas. No estaba en mis planes leer este libro, sin embargo lo compré para un amigo a quien aprecio mucho y la tentación de desvirgarlo (al libro, claro está) fue mucho más fuerte.

Pequeña novela con cenizas, la incursión comercial de Yrigoyen en el mezquino escenario de la narrativa peruana (puesto que todo se reduce a Lima y, dentro de este circuito, a solo algunos cuantos nombres), fue un libro que me dejó indiferente. De su cobardía (del libro, aclaro) ya hablé en un post anterior. Y de su carencia de literatura también. Y con esas premisas abordé esta nueva entrega, esperando encontrar las mismas reincidencias.

Lo admito. Leo buscando el error. Y lo placentero, respecto a Orgullosamente solos, fue no encontrarlo.

Breve y ambicioso.

Aquí, Yrigoyen muestra un poco más la piel y escarba de manera minuciosa en el pasado. La historia de su abuelo, Carlos Miró Quesada Laos, funciona como excusa e imposición. El tema se expande y supera la mera anécdota. Así, el libro es una suerte de historia del Perú de los años 30, sumado al desarraigo familiar, los círculos de poder y la no menos inquietante figura del mentado abuelo. Yrigoyen ha removido los escombros del pasado familiar y ha encontrado un diamante en bruto. Y ha tenido la paciencia infinita de refinarlo con éxito. He allí la ambición.

Lo ha logrado esta vez. Sin ningún asomo de lacrimosa autocompasión, ha conseguido contar algo. Y contarlo bien. Todos los ingredientes en su justa proporción. Lírico cuando el relato lo amerita, descriptivo sin cometer excesos, bellamente documentado y, sobre todo, acometido con eficaz y radiante prosa. 

Pero el mayor atributo de este texto (no me atrevo a llamarlo novela) es su enorme sinceridad. Por lo tanto, hay que devolverle esa honestidad descarnada y decir que sí, que es un buen libro, y que quizá pueda vencer al tiempo porque tiene todos los atributos para resistirlo.

YRIGOYEN, José Carlos. Orgullosamente solos. Lima: Literatura Random House, 2016.    

lunes, 12 de diciembre de 2016

Cuentos para búfalos

Publicado apenas el año pasado, lo encontré en una pila de remates a un precio irrisorio. Vete a saber por qué. Cosas de la editorial, digo yo.

Y yo, ya digo, a los cuentos no me resisto, incluso si los escribe Galarza. Y de diez historias se compone este libro (a un sol por cuento para dejar en claro lo del precio).

El concepto me gusta. Reunir cuentos que fueron enviados a concursos y que lo intentaron. Una actividad a la que le puso mucho empeño Roberto Bolaño y que apunta muy bien A. G. Porta: «Se ha dicho de Bolaño que salía a cazar premios como si fueran búfalos». Cuentos para búfalos, por tanto.

De los diez, hay dos repetidos. Dos que ya se incluyen en Algunas formas de decir adiós, y a mí eso de poner figuritas repetidas para llenar el álbum no me ha gustado nunca. Obviando esos, podemos decir que el libro empieza con cuentos para cazar moscas.

Solamente hacia el final, el libro crece. Maduran los relatos. Y sí, hay uno como para cazar un enorme búfalo y tener semanas de carne a disposición. Uno tan bueno como para salvar al libro del fuego. Vamos, como esos grupetes de mierda a los que los salva la mejor canción del disco, a falta de otras que se le parezcan.

Hay uno, pero no conviene decir cuál. Tampoco me gusta la gente que solo se pone a escuchar la mejor canción del álbum. Primero padecer y luego disfrutar (en ese orden).    

GALARZA, Sergio. Cuentos para búfalos. Lima: Mesa Redonda, 2015.      

lunes, 5 de diciembre de 2016

El ruido del tiempo

A mí las novelas sobre personajes históricos, o que han merecido la posteridad, me parecen un montón de mierda. Cuando un autor está bloqueado, solo tiene dos opciones: escribir sobre su bloqueo (Fresán) o mandarse con un tocho sobre la vida de algún muerto que posee una entrada larga en Wikipedia (ejemplos varios). La segunda opción podría parecer pan comido porque el asunto o personaje a narrar ya viene espoileado (a ver si Pérez Reverte inserta este neologismo), y lo demás, lo que el autor debe hacer a continuación, se llama redacción y no literatura.

Barnes ha hecho (gran) literatura en su más reciente novela.

Lejos de atiborrar el relato con fechas y nombres y sucesos reales, Barnes toma la figura de Dmitri Shostakóvich, la deforma delicadamente y nos muestra el anecdotario de sus desdichadas relaciones con el Poder en la Rusia de Stalin. Importan más los sentimientos de Shosta que la inútil revisión de su biografía.

Narrada en tercera persona, Barnes logra que los ecos del sufrimiento de Shostakóvich resuenen en el interior del lector. La Historia ha sido cruel con el compositor y la novela va de contar qué sentía Shostakóvich, no del repaso estéril de sus humillaciones.

Destaca la contención en el lenguaje, que funciona también para contener la historia. Si uno siente lástima por el compositor es por la descripción escueta y breve (muy a lo Barnes) de la maquinaria soviética.

Novela compuesta de retazos, de gestos, de pocas acciones y diálogos puntuales (a esto algunos lo llaman eficacia o lo llaman Carver), y sin eternos cuadros lacrimosos o efectistas (a esto lo llaman sensiblería o lo llaman Alonso Cueto). Hay ternura en cómo se cuenta la desgracia. Hay literatura, en suma, como en aquella escena final donde el lector entiende qué es «el ruido del tiempo» y el duro golpe que implica haberlo comprendido.

BARNES, Julian. El ruido del tiempo. Barcelona: Anagrama, 2016.

lunes, 28 de noviembre de 2016

La chica del tren

Thriller no es. Este libro se trata más bien de una adivinanza de casi 500 páginas. Hay un asesino y no es el mayordomo. Hay una desaparición y todo se narra en forma de diario. Muy a lo Gone Girl, pero la novela de Flynn tenía más oficio. De hecho, la historia de Amy me mantuvo enganchado y hasta podría decir que me gustó. Sin embargo, en La chica del tren todo está demasiado masticado. El lector es muy idiota, así que hay que decirle quién narra qué. El cliché abunda, solo hay personajes planos y de relleno, y el desenlace parece sacado de una telenovela mexicana (de las malas). Una estafa literaria bastante favorable (económicamente) para su autora. Con el dinero que te llevas con libros como este, o te compras una casa o te ganas una reputación. Supongo que Paula Hawkins ha optado por la casa y, de pasada, por la mala reputación. Venga, que todos tenemos que vender algo, incluso el prestigio.

HAWKINS, Paula. La chica del tren. Lima: Planeta, 2016.